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Artículo de José Martí sobre la obra "Cuentos de Hoy y de Mañana" de Rafael de Castro Palomino. [*]

"El mundo está en tránsito violento, de un estado social a otro. En este cambio, los elementos de los pueblos se desquician y confunden; las ideas se obscurecen; se mezclan la justicia y la venganza; se exageran la acción y la reacción; hasta que luego, por la soberana potencia de la razón, que a todas las demás domina, y brota, como la aurora de la noche, de todas las tempestades de las almas, acrisólanse los confundidos elementos, disípanse las nubes del combate, y van asentándose en sus cauces las fuerzas originales del estado nuevo: ahora estamos, en cosas sociales, en medio del combate. Los hombres inferiores ven con ira la prosperidad de los hombres adinerados, y éstos ven con desdén los dolores reales y agudos de los hombres pobres.

No se detienen aquéllos a ver que los hombres ricos en estas tierras de América -que en otras partes tienen otras razones y formas, y tendrán otras soluciones los problemas- no se detienen a ver que los hombres ricos de ahora son los pobres de ayer; que el hombre no es culpable de nacer con las condiciones de inteligencia que lo elevan en lucha leal, heroica y respetable, sobre los demás hombres; que del resultado combinado del genio, don natural, y la constancia, virtud que recomienda más al que la posee que el genio, no puede responder como de un delito el que ha utilizado las fuerzas que le puso en la mente y en la voluntad la Naturaleza; no se detienen a ver que cualesquiera que sean las tentativas sistemáticas de vida, goces y provechos comunes a que se acuda como prueba de remedio al mal, jamás acabará por resignarse el hombre a nulificar la mente que le puebla de altivos huéspedes el cráneo, ni a ahogar las pasiones autocráticas e individuales que le hierven en el pecho, ni a confundir con la obra confusa ajena, aquella que ve como trozo de su entraña y ala arrancada de sus espaldas, y victoria suya, su idea propia. Cuando la masa de que están hechos todos los hombres se confunda en una masa común, entonces podrán reducirse a una existencia nivelada y equopartícipe los varios, rebeldes, brillantes, personales espíritus de los hombres.

Contra la liga de los elementos perezosos y fastuosos antiguos que luchan por asegurar a castas estériles el goce de la vida en cantidad mayor que la que toca a los elementos laboriosos, sufrientes y productores, justo es que se batalle; y todos los espíritus generosos de la tierra, desde siglos atrás, y hoy más que en ningún siglo, están batallando.

Pero los pobres sin éxito en la vida, que enseñan el puño a los pobres que tuvieron éxito; los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella. Pues, ¿querrán que nazca el hombre con inteligencia, con don de observación, con don de invención, con anhelo de sacar afuera lo que trae en sí, y que no los use ? ¡Fuera como pedir que, siendo el Sol hecho de luz, no alumbrase el Sol!

Y queda entonces el problema, visto de este lado, reducido a esta fórmula: ira de los que tienen inteligencia escasa contra los que tienen abundante inteligencia.

Pero a esto vienen la piedad social y el interés social: a reformar la misma naturaleza, que tanto puede el hombre; a poner brazos largos a los que los traen cortos; a igualar las probabilidades de esfuerzo de los hombres escasamente dotados; a suplir el genio con la educación.

Y como no hay nada más temible que los apetitos y las cóleras de los ignorantes; como en ejército de fieras de los bosques quedan trocadas, cuando pierden el miedo que las enfrena, las grandes masas adoloridas, ineducadas, envidiosas y deseadoras de las grandes ciudades, es consejo de higiene nacional, y elemental precaución pública, sobre ser dulcísima obra que consuela y engrandece al que la hace y suaviza y eleva al que la recibe, promover y por todas las vías auxiliar una verdadera, útil, aplicable educación pública. Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de sí mismo.

En lo que va dicho, con no haberse hablado palabra del libro del señor Rafael de Castro Palomino, va hecho su mejor elogio, porque esas cosas que al volar de estas plumas ligeras que usamos para escribir periódicos hemos ido diciendo en lengua y forma corrientes para los que gustan de estudiar y observar los problemas sociales -éstas que nos parecen, y por eso las decimos, verdades conciliadoras y aclaradoras, en que las clases ineducadas e impacientes harían bien en fijarse-, las dice el libro del señor Palomino en forma popular y amena, con vivo diálogo, con claridad mayor, y a veces singular, con cordial espíritu; y de modo que, a la par que los letrados hallen juicio y meollo en lo que dice, aquellos no letrados, que sufren de no leer y no saber, vean con tal llaneza y sencillez, y la fuerza que de ellas viene, expuestos sus dolores y discutidos sus problemas, que después de leer el libro sientan, con todas las ventajas de la reflexión, la muy preciada que viene de conocer su situación verdadera, y calcular la real eficacia de los varios y violentos medios con que se les predica que pudieran mudarla.

De su obra, que lleva por titulo el de estas líneas, Cuentos de hoy y de mañana, no ha publicado más que la primera entrega. El libro ha salido de las conocidas prensas del editor que hace ahora ese Diccionario Técnico Inglés Español excelente, N. Ponce de León.

De estos dos cuentos publicados, el uno se llama Un hombre por amor de Dios, y en él demuestra un senador americano, que se llama el caballero sabiduría, que no habrá intelecto humano aislado, por enérgico y fecundo que sea, que tuerza la marcha lenta y progresiva de los naturales elementos de la vida, que van perfeccionándose y transformándose con la mayor elevación, por la educación y la libertad del hombre; que los derechos justos pedidos inteligentemente tendrán sin necesidad de violencia, que vencer; que el único modo eficaz de mejorar los males sociales presentes, por medios naturales y efectivos, es el perfeccionamiento de la educación, y la defensa ardiente de los derechos ennoblecedores y vitales que van envueltos en el nombre general de libertad.

En el segundo cuento, que titula el autor Del caos no saldrá la luz, narra el señor Palomino, con oportuno artificio y de muy clara manera, cómo vivió y por qué murió un cierto ensayo de sociedad comunista; pone en planta y acción, para que la cura de los que lean sea más viva y directa, los elementos actuales y razones confesadas del partido comunista, y cuenta, como por vía de literatura y consejo de ejemplo, por qué razón nacieron y por cuál perecieron las sociedades comunistas instaladas en los Estados Unidos, y por cuáles, y con qué fines, y de qué manera subsisten las que aún no han desaparecido.

Vale aquí repetir lo que dice al concluir el prólogo de este benemérito libro:

"Este libro, que enseña todo esto, es más que un buen libro: es una buena acción".


Relación de notas.

[*] Artículo sobre la obra "Cuentos de hoy y de mañana" de Rafael de Castro Palomino. La América, Nueva York, octubre de 1883. En Obras Completas. Tomo 5. Páginas 109 a 111. Subir
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